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Tu peso. Entre más killos extras tengas, más cuidadoso deberás ser con tu comida.
Ejercicio. El ejercicio provoca normalmente que baje el azúcar en la sangre, por lo que cuánto y cuándo lo haces afectará el número de calorías que debes consumir en cada alimento.
Insulina. Si eres tipo 1, el contenido y tiempo de tus almientos debe estar consistentemente balanceado con la calidad de insulina que circula en tu sangre proveniente de inyecciones. Si eres tipo 2 y utilizas insulina, necesitarás tomar esto en cuenta, además de otros factores (como el peso y el ejercicio) que afectan la resistencia a la insulina.
Medicamentos. Las medicinas que tomas, cuánto tomas y cuándo te hacen efecto puede afectar tus decisiones alimenticias. Si tienes diabetes tipo 2, dejar de tomar medicina puede ser una meta realista para tu plan alimenticio.
Factores especiales. Asegúrate de informar a tu nutriólogo de los resultados de análisis de grasas (como colesterol), presión arterial y microalbuminuria (funcionamiento del riñón). Si actualmente padeces complicaciones como inadecuados niveles de colesterol, presión alta o insuficiencia renal, es posible que necesites seguir lineamientos especiales para controlar dichas condiciones, como consumir incluso menos grasas saturadas, reducir el consumo de sal y evitar excesivas cantidades de proteína.
Consistencia es la clave. Una vez que hayas desarrollado tu plan, mantendrás tu nivel más estable de azúcar en la sangre si comes la misma cantidad de comida con el mismo balance de nutrientes a las mismas horas del día. No pienses que puedes "portarte mal" en ciertos días siempre y cuando te "portes bien" en otros: patrones alimenticios erráticos solamente provocan que el azúcar suba y baje. Lo mejor es tratar de tener un plan realista que puedas ejecutar todo el tiempo.
¿Cómo te está yendo? El mantenerte al pendiente de tus niveles de azúcar te dará a ti y a tu doctor una idea de lo bien que estás controlando tu dieta. De esta forma podrás ajustar tu plan de ataque retocando tu dieta o cambiando tu actividad física, dósis de insulina u otros factores. Si eres tipo 2 y tienes problemas manteniendo tu glucosa nivelada a través de la dieta o el ejercicio, puede significar que eres un buen candidato para la insulina u otro medicamento. Por otro lado, si has tenido éxito perdiendo peso y controlando tu azúcar con dieta y ejercicio, probablemente podrás dejar de tomar insulina o medicamentos.
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